CAPÍTULO v
FAMILIAS FUNDADORAS
DEL CRREGIMIENTO DE JUAN DÍAZ
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E
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FAMILIA IBARRA,
VARGAS
s sumamente
grato hacer estos comentarios, aunque debería ser lo más objetivo e imparcial,
pero las circunstancias no me lo permiten, porque cuando se me ha ocurrido esta
idea, ya ha pasado mucho tiempo, y la mayoría de las personas fundadoras de
este lugar ya han desaparecido y sólo quedan algunos recuerdos en los
familiares que aún les sobreviven; Entre estos me encuentro yo y unos tíos que
me permiten escribir sobre todo de nuestra familia.
La familia Ibarra Vargas llega por estas
tierras mucho después de nuestra separación de España, en 1821. El señor Juan
Evangelista Ibarra oriundo de El Cañaveral de Penonomé contrae matrimonio
con Lucia Vargas oriunda de Ciénega Vieja
o las Guabas, lugar no muy definido por la poca población que por aquellos
tiempos existía.
Ellos
se radicaron en las faldas del cerro El Salado, creo que así fue y por estar ocupadas estas
tierras por el latifundio Juan Díaz, (indultado por Andrés Narciso de Vega
Meléndez notario público de estos lugares en el año de 1804. Omar Jaén Suárez, La Región de Los Llanos del
Chirú página 186) de esta muy prolífera familia de seis hijos nacieron: María
de los Reyes de los cuales hay familiares, Remigio, segundo hijo, del que no dejo
familia, Teodoro, tercer hijo quien figura como el primer Corregidor del lugar
por muchos años.
Jacinta a quien no se conoce descendientes,
Mercedes tampoco tuvo descendientes y finalmente Rafaela Ibarra quien tuvo seis
hijos dos varones y cuatro mujeres, que en su orden fueron Rosa Morales, q.e.d.
Tuvo un hijo Lucía Morales, 10 hijos Pastora Morales, q.e.d. no tuvo hijos de
sangre Juan Ramos, q.e.d. 3 hijos Elsa
Jaén, 2 hijos Y Gilberto Vargas 3 hijos de
los hijos de Rafaela aún le sobreviven tres hijos.
Orgullosamente
tenemos a la tía más longeva por contar
con noventa y nueve años, la señora Lucía morales viuda de Castañedas y
con una gran prole conformada por 10 hijos y una enorme cantidad de nietos y
más.
Haciendo
relación de tiempo con respecto a la llegada de la familia Ibarra Vargas, al
lugar parece ser que está alrededor de los años 1865 a1870.
La señora Rafaela, hija menor de la familia,
quien nace en el año 1884 y hace una segunda generación de pobladores, donde
sus dos primeras hijas: Rosa Morales en 1903 y Lucia en 1908 nacen en cerro El
Salado.
Como podemos notar los movimientos de la separación de Colombia
permitió una gran apertura o ruptura de latifundios existentes y las familias
pudieron comprar o se hicieron precaristas reclamando tierras para trasladarse
a vivir en haciendas más cercanas a los pueblos.
Rafaela Ibarra
Por aquellos tiempos la familia Ibarra compra
una casa en Antón, para permitir una comodidad pueblerina y los estudios a sus
hijos y nietos, entre éstos los hijos de Rafaela.
Rafaela, madre súper protectora, hija muy
amorosa y apegada a su padre, que por más de 20 años rezó diariamente un rosario
por el alma de su papá. De inteligencia muy privilegiada y de una fe religiosa
muy arraigada, era capaz de recitar las letanías en latín y en español, los
salmos 23 y 91 como unas oraciones extremadamente secretas, para ser usadas en grandes peligros,
capaz de grandes sacrificios por sus creencias, fue rezadora de rosarios para
difuntos por muchísimo tiempo, y no le
importaba si los ríos estaban crecidos, o si tenía que dejar la comodidad la cama para hacer un rezo en
temporada de lluvia, Para colmo de males por muchos años padeció de una crónica
inflamación en la garganta, (tos perniciosa) por rezar en voz alta, pero eso no
impedía cumplir con su misión; dicha enfermedad
le llevó a probar cuanto remedio era conocido sin resultado alguno, al extremo
de probar con petróleo (kerosén). Es preciso recordar que por aquellos tiempos
la religión Católica no permitía a sus feligreses el uso de La Biblia y muchas de éstas estaban escritas en latín,
la distancia dónde vivían a la iglesia hacía sumamente difícil encontrar
información religiosa sin embargo esto no fue óbice para que ésta señora se
nutriera de conocimiento religioso, esto trae a mi memoria un grato recuerdo de
un acontecimiento: Rafaela acompañada de un nieto fueron a visitar a unos
vecinos; desconociendo que la casa estaba custodiada por fieros perros, al acerarse
a la casa los perros corrieron a atacar a los visitantes; Rafaela le dijo a su
nieto, ¡agárrate de mi falda!, y comenzó a orar así: “Quien habita al amparo
del altísimo”…. etc. En esos precisos
momentos la dueña de los perros salió a contener a los fieros animales, éstos regresaron y mordieron a su dueña. Aún parece
extraño que eso sucediera, pero la fe y la oración hacen milagros.
Muy dispuesta a ayudar al prójimo, no faltó
una taza de café para un caminante o una voz de aliento en momentos oportunos,
ni la oración de La Virgen De
Carmen para las parturientas.
Comerciante, partera, ganadera, agricultora,
artesana, poeta, dulcera lo que la llevó a conocer pueblos y rutas de difícil
tránsito, sin arrepentirse de sus esfuerzos por salir adelante sola con su
prole, porque no es nuevo que los esposos se vayan del hogar.
Autodidacta por excelencia, ya que por esos
tiempos, eran los hijos varones los que tenían derecho a estudiar, y cuando su
padre Juan Evangelista Ibarra pagaba a un maestro colombiano por enseñarle a su
hermano las letras, ella atención ponía, aprendió a leer y escribir, además
ganó un excelente vocabulario y una redacción digna de un erudito, la lectura
era su gran pasión, el destino la visión le quitó pero en cuanto podía
solicitaba al que desocupado a su lado estaba, que por favor le leyeran el
periódico o el libro que a manos estuvieran.
Su ceguera no
era obstáculo para las labores agrícolas porque en cuanto podía escaparse al
monte, con el tacto localiza las matas de arroz y empuñaba con la mano
izquierda la planta, y arrancaba con la derecha toda la maleza que alrededor de
la plantita estaba.
Otra finca fuera de su lugar de origen tuvo, pero no era
grande su interés por ella, como la de Juan Díaz. Podemos recordar que
en nuestra niñez, y en periodos de estación seca todos los nietos regresábamos
años tras años a la finca y hallábamos
mucha comida, por ejemplo piñas de arroz, de maíz y grandes tanques de
frijoles, huevos, gallinas, palominos y variedades de frutas veraniegas y sobretodo
guineo chino, muy menos preciado por aquellos tiempos, pero hoy día reconocida su gran potencia
nutritiva, causa probable de la gran longevidad de nuestros coterráneos
FAMILIA ARAÚZ, ARAÚZ
Familia cuya
procedencia no logramos conocer, estos colonos llegaron posiblemente antes de
la independencia de Colombia porque estas tierras eran tierras ajenas y la independencia de España permitió la
ocupación de estos territorios.
El señor
Dionisio Jaramillo, nombre legal; pero debido a la influencia española los
hijos no nacidos en el matrimonio no podían llevar el apellido de sus padres
por lo tanto el señor toma el apellido de su madre, Araúz.
Dionisio Araúz, su esposa compañera Juana Arúz, los mismos
procrean a los señores Casiano, Miguel, Paulino y Pedro y otros como primera
generación de juandieños netos amorosos de su terruño ya que todos nacieron y
murieron sin cansarse y ni salir del lugar, como segunda generación el señor
Casiano se une en matrimonio con la señora Julia Martínez y tienen 12 hijos 5 mujeres y 7 hombres,
quienes muchos de ellos sobreviven hoy día, algunos rondando los 100 años, de esta segunda generación la señora Petra
Araúz contrae matrimonio con el señor Gilberto A. Vargas contemporáneo de estas
generaciones.
Familia
Vargas Araúz
Segunda generación de juandieños, que con su trabajo y dedicación en la
comunidad formaron una pequeña familia de seis personas, que comprende al señor
Gilberto Vargas y la señora Petra Araúz, y una prole de cuatro personas que
son: Diógenes, Pastora, Vilma y Gilberto.
La familia Vargas por su larga estadía en la comunidad, han participado
en múltiples actividades que contribuyeron con el progreso del poblado, como
por ejemplo el señor Gilberto padre, Gilberto hijo y Pastora, fueron
corregidores en periodos que les correspondió ejercer el puesto, la señora
Petita como cariñosamente se le conoce participa activamente en la iglesia
conjuntamente con su hija Pastora, Vilma y Diógenes como muchos juandieños,
abandonaron el terruño en busca de estudios y hacer sus puesto bajo el sol, como
hoy se les reconoce, unos profesionales en la empresa donde laboran.