jueves, 22 de marzo de 2012


INTRODUCCIÓN



      Ya ha transcurrido más de cien años de existencia de personas por estos lugares                       y no existen memorias, registros, ni documentos  del por qué estamos aquí, allá o acullá; “quien olvida su historia esta en peligro de volverse a equivocar.” El ignorar nuestros orígenes hace que otros también lo ignoren y menosprecien por no tener pasado, ni historia.

  Queremos humildemente dejar una pequeña contribución al  corregimiento con el aporte de datos históricos, nombres, fotos, para recordar aquellas personas que visionarias o no, se apersonaron a estos lugares con el fin de obtener una mejor forma de vivir, o adquirir mayor cantidad de tierras, o para no competir en espacios muy limitados. Y hacer para nosotros una inédita e interesante historia

 Conceptuamos que es injusto dejar pasar el tiempo despreocupadamente, y dejar que aquellos personajes de los cuales un día descendimos queden abandonados en el tiempo y el espacio.

 No debemos olvidar a las autoridades, mucho menos a los  maestros  quienes nos dieron la oportunidad de conocer la forma de comunicarnos, cultivarnos y luchar positivamente por nuestra sobre vivencia, cómo olvidar a aquellos amigos, compadres y  vecinos que de una manera u otra nos apoyaron en nuestras necesidades.

  También nos ocupa el interés de resaltar la figura de mi abuela, quién fue luchadora incansable. Levantó su finca, en la que se fajaba hombro a hombro con los peones o trabajadores, las noches se le hacían días, por estar pensando cómo hacer las siembras o las cosechas o por el tardío regreso de las vacas que pastaban en solturas por eso llanos de Dios.

 Y de igual manera, es importante e imprescindible resaltar esas otras familias que también se enfrentaron con hidalguía a la falta caminos, agua, transporte, herramientas de labranzas, que hoy hacen más fácil las labores de producción.

Cómo dejar olvidadas esas leyendas clásicas de desaparecidos, brujas y duendes que con grandes entusiasmos nos contaron nuestros abuelos.

 Sin embargo cada día nos individualizamos, nos hacemos más egoístas, creyentes del dólar y se olvidó la forma cooperativista de aquellos vecinos, amigos y parientes nuestros que a través del trueque, la junta,  peonada, solucionaban esas dificultades que solos no podían resolver.

 ¿Será difícil volver atrás y retomar esas experiencias que tanto ayudaron a esos colonos a palear sus necesidades de supervivencia? Con sólo observar a nuestro alrededor  podemos descubrir a exitosas cooperativas  que ayudan con tecnología, dinero, y equipos modernos al desarrollo de sus comunidades. Recordemos que un cordel es fácil de romper, pero la suma de muchos cordeles detiene al más furibundo animal, cada uno de nosotros representa ese cordel, unidos somos fuertes. Es hora de unirnos como familia, como amigos, por nuestro bienestar y el de esta pequeña comunidad.

  Pretendo llamar la atención sobre un comportamiento que está ocurriendo aquí en nuestro suelo y a nivel mundial, los medios de comunicación y en especial, el Internet,  permite interesar a turistas de todas las partes del mundo de excelentes lugares que tienen, seguridad,  buenos alojamientos y condiciones de clima, playas, ríos montañas, entre otros.

   Nuestro país resulta muy atractivo para muchos países europeos, asiáticos, colombianos, y norteamericanos los cuales al llegar a nuestros suelos de inmediato quieren quedarse e invertir. Eso es bueno porque da empleos, pero nos despoja de nuestros recursos. Aún se escucha el eco de cuando los panameños gritábamos, fuera los gringos,  para que el canal fuera nuestro, pero con tristeza vemos que las tierras del canal son vendidas a extraños, a poderosos consorcios extranjeros, que hacen prohibitivas la entrada a esos lugares anhelados por mártires patriotas y poetas. Cuando no halla tierras que vender en las riberas del canal, invertirán en lugares bellos de nuestra campiña, como por ejemplo: Sorá, Altos Del María,  Bocas de Toro, Boquete, Cerro Punta, Farallón, Isla Contadora, y nuestro Valle de Antón y por qué no en Juan Díaz, si también tenemos  atractivos como toda bella panameña.

  Nos alienta el más ferviente deseo de dejar una preocupación en la conciencia de todos mis hermanos coterráneos y es que hay mucho por hacer, y no podemos dejárselo a extraños y políticos, porque los problemas son nuestros y debemos ser nosotros los más interesados en resolver aquellos problemas que nos agobian, como las enfermedades individuales y también hay que ver las enfermedades comunales y atacarlas, porque son mal de todos. Así por ejemplo la pobreza extrema, la falta de transporte para los niños que viven lejos del área escolar, y para los productores.

  Es triste ver carros de lugares extraños vendiéndonos productos agrícolas como si fuéramos carentes de tierra donde sembrar algo.   

  Hay que entender que entramos al tercer  milenio y no podemos quedarnos atrás, porque otros visionarios ven nuestras riquezas e igual que los españoles colonos nos quitarán nuestras tierra, nuestra dignidad y nombre; y ahora nuestros puntos de interés turísticos están en peligro, si los ven los adinerados lo compran  y nos utilizarán como simples empleados, cuando podemos ser dueños.

  Tenemos que pensar en dejar de crecer sin orden, hay que planificar y trazar calles o avenidas y hacer un verdadero pueblo y no un simple caserío o villorrio.

  Recordemos que hoy, los comercios están en manos de judíos árabes, chinos norte americanos, entre otros. Todos en este mundo somos útiles,  por disposición de nuestro Dios por lo tanto, unidos todo lo podemos. Él sabe lo que hace.  Todos lo árboles de bosque tienen su razón unos para santos y otros para carbón.

  ¡Adelante, juandieños! Hagamos que nuestro lugar resplandezca con nuestra laboriosidad amor al terruño y el anonimato en el cual estamos sumidos desaparezca, es más reconocido San Juan de Dios que nosotros, pues de aquel lugar son los transportes que por aquí pasan, y de nosotros no hay ninguno que tenga como destino la comunidad de Juan Días, para reafirmar que,  ¡aquí estamos, existimos y tenemos mucho que ofrecer!

 Despertad, hagamos lo necesario que y si en ese caminar encontramos un político, o institución benéfica que quiera cooperar bienvenida sea. Sumémonos, nunca restemos fuerzas.

  Hay grandes posibilidades de efectuar labores por nosotros mismos, está de moda el reciclaje, pero hemos olvidado eso y concurrimos con nuestro escaso dinero a comprar materiales para las viviendas, cuando la madre tierra nos proporciona todo: comida, frescos techos de tejas paredes de quincha, que hoy con más tecnología y materiales las podemos hacer mejor, resultan más turísticas podemos exportarlas a comunidades vecinas. Recordemos la reliquia que aún tenemos; la casita de dos puertas frontales y algunas otras viviendas, que todavía desafían al tiempo.

  Estamos obligados a ser emprendedores y buscar la forma de proporcionarnos nuestro propio sustento, buscar los diamantes en el patio donde vivimos y no fuera de él, pues eso nos aleja de la familia, exponiendo a nuestros hijos al delito, la droga, la muerte prematura  y en muchas ocasiones los fracasos en los matrimonios y como seres pensantes y poniendo en función los jóvenes  recursos humanos locales podremos darle una prolongada vida a los proyectos que garanticen un sustento a toda la comunidad.

  Muchos de nuestros recursos humanos ayudaron y están ayudando en la ciudad ya  que creemos que nos los proporcionarían por el amor a sus padres, por solidaridad  y cariño por nuestro lugar ¡Se lo pedimos!

En otras palabras y como lo predica el cooperativismo estamos obligados a ser más humanos, solidarios, justos por amor al prójimo como lo solicita nuestro padre Dios.      

  Es sumamente necesario fundar una cooperativa para resolver nuestras grandes necesidades sociales y económicas.

        

               

   

                 

               

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